Constantemente empleamos narrativas para poder interpretar el sentido de nuestras vidas, darle un orden a nuestro tiempo y entender a quienes nos rodean. Las narrativas son el proceso esencial bajo el cual entendemos nuestro entorno y, por consecuencia, el proceso que motiva nuestras acciones. En tiempos de crisis constante, donde abunda la información y el tiempo para procesarla es escaso, nuestras necesidades narrativas son sustituidas por flujos de información fragmentarios e inconexos que hacen de los desarrollos en el mundo que vivimos procesos misteriosos e inexplicables.

 

En este contexto, conocer implica trazar las historias de las estructuras que de manera consciente o inercial determinan nuestra cultura, ideología y el ejercicio del poder. En otras palabras, ejercer nuestras facultades narrativas para forjar historias en común que no solo nos ayuden a comprender las circunstancias del mundo si no trascenderlas.

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